HABLAR EN PÚBLICO
Una Presentación comercial o un discurso suponen situaciones de autentico estrés para muchos empresarios por el miedo que tiene a hacer el ridículo. Para paliar este temor no hay recetas mágicas pero si dos buenos ingredientes: preparación y entrenamiento.
Cierta destreza para hablar en público resulta fundamental para conseguir éxito en la vida profesional o social. Asimismo, comunicar apropiadamente quienes somos y cuales son los bienes o servicios que ofrecemos puede ser decisivo para comenzar y mantener la relación con un cliente.
Una meticulosa y concienzuda preparación puede eliminar, o al menos reducir, los problemas a los que nos enfrentamos cuando hemos de hacer una exposición oral. En una primera fase conviene establecer los objetivos que queremos conseguir con nuestra disertación, cómo vamos a hablar, durante cuanto tiempo y a quien nos vamos a dirigir.
El mensaje que elaboremos ha de tener una estructura clara y sencilla para facilitar su comprensión a los oyentes. En la introducción podemos optar por algunos recursos para captar la atención: un buen chiste, una anécdota personal, algo polémico (un aspecto interesante, un dato inesperado, la conclusión principal expresada de forma sucinta y llamativa), una ayuda visual clave, un objeto o el empleo de mímica y gestos. Estas tácticas han de estar bien empleadas para conseguir el efecto que se pretende.
Así, Malcom Peel plantea en su libro Aprenda a hablar en público en una semana que el chiste debe ser gracioso, no ser demasiado conocido, guardar relación con nuestro tema y estar bien contado. Además, Peel subraya que a menos que seamos humoristas expertos, es preferible limitarse al chiste corto y no correr el riesgo de una historia larga, al tiempo que deja claro que, si tenemos dudas, es mejor escoger otro método introductorio, Tras atraer el interés de la concurrencia, hay que tratar de seguir con el suspense hasta la conclusión.
Cómo decirlo
Para ellos no basta con saber que decir, sino cómo decirlo. Las estadísticas afirman que los interlocutores están pendientes en un 55% del lenguaje corporal del orador, en un 38% de su tono de voz y en un 7% de sus palabras. De esta manera para que una persona sea realmente escuchada necesita contar con una gran habilidad para lograr un equilibrio entre los gestos, el tono de voz y las palabras. Igualmente, el contacto visual con otros miembros es vital porque, de acuerdo con Peel, atrae y retiene el interés, establece una conexión y proporciona información sobre el público. “debemos invertir cómo mínimo un 50% del tiempo en mantener contacto visual directo con el público. También nos aseguraremos de mirar a todo el mundo y de no dedicar demasiado tiempo a alguna persona concreta, a menos que nos dirijamos especialmente a ella” expone el autor.
Por tanto, saber interpretar los gestos y miradas y aprender a controlar la comunicación no verbal es un área imprescindible.
En esta línea, Raimon Gaja, psicólogo clínico, señala en “Seducción y éxito social” que “del mismo modo que podemos enfatizar y reafirmar un mensaje verbal apoyándonos en el lenguaje corporal, también podemos contradecirlo si ambos lenguajes son incongruentes”. Cuando emitimos un mensaje corporal que contradice nuestras palabras, la otra persona acabará dándole mayor credibilidad a nuestros actos que a nuestro discurso.
LISTOS PARA COMUNICAR
Toda comunicación exterior implica una previa comunicación interior. Por este motivo, dominar la mente es lo primero que cualquier persona que se tenga que exponer a hablar en público tiene que procurar para hacerse con el control de la situación. Depurar nuestros propios pensamientos y sentirnos capaces de lograrlo, las mejores armas.
Para controlar esa “voz interior” que es la que puede hacer de ti un gran héroe o la persona más pobre del mundo, minutos antes y durante unas semanas podemos visualizar el éxito. Cuando hablo de visualización tienes que ver las caras de las personas, las ropas, los sonidos que en ese momento existirán, cómo te sientes y que te has puesto para la ocasión. Visualización de la manera perfecta es hacer un video a color de lo que va a suceder y dispone a que suceda bien.
Anthony Robbins, una de las mayores figuras mundiales de comunicación y pionero en aumentar la potencionalidad de las personas mediante entrenamientos que liberan la fuerza interior, decía que llevaba una foto en su cartera de Og Mandino, orador internacional de primerísimo nivel. Y cada vez que salía al escenario lo primero que hacía era sacar la foto y verla, y creerse Og Mandino”.
Esto puede llegar a parecer cómico pero no lo es. “Creer que vas a ganar el partido no es lo mismo que salir pensando que lo vas a perder, la predisposición genera acción y motivación.
La principal debilidad que tiene la mayor parte de los empresarios a la hora de comunicarse con su propio público, es el miedo al ridículo, a no estar a la altura o no saber desenvolverse.
Se puede lograr que un individuo cambie su estado emocional o forma en la que se siente haciéndole modificar su fisiología, un ejercicio puede ser poner una música muy potente en una recinto espacioso para que la gente se mueva, salte, grite y pierda el miedo al ridículo. Otra técnica adecuada puede ser la risoterapia.
Es tremendamente importante ser convincente y parte de la clave para ésto es creer lo que se está contando y transmitirlo con pasión.
DECALOGO PARA HABLAR EN PÚBLICO
1)
Antes de hablar en público le asaltarán tres preocupaciones. La primera gira entorno a usted mismo: sus ansiedades e inquietudes; vénzala anticipando su triunfo, y ayúdese con una respiración y relajación adecuadas. La segunda atienda a la mejor elaboración de sus mensajes. Pero sólo acertar con la tercera – Cómo atender a los oyentes, que son sus invitados – hará que sus palabras sean comprendidas y recordadas, u usted cómo orador escuchado y aplaudido.
2)
Al hablar en púbico, su activo más importante es su credibilidad. El publico tiene que confiar en su persona y en lo que dice (y hace después). Haga de sus palabras y hechos un contrato firma con sus oyentes. No de pié a que la gente dude, ni haga demandas cuando no sean justas y verdaderas.
3)
Utilice palabras y frases cortas, y el lenguaje más simple posible. Deje los mensajes complejos para sus textos escritos. Sea breve. Ni más ni menos de los necesario. Acierte a resumir sus ideas en breves eslóganes, especialmente cuando trate de valores. Los oyentes precian la forma en que el orador se presenta ante ellos más que sus palabras, y nunca perdonan los empachos.
4)
Los oyentes filtran de alguna manera lo que quieren oír. Para ser entendido, hágales el “mejor traje a medida”. Muchos comunicadores no entienden de verdad algo tan básico: quienes son sus oyentes. Las circunstancias y contextos cambian y los significados de las palabras también. Un mismo mensaje puede interpretarse como un halago o como una agresión.
5)
Sorprenda, entretenga y emocione. Son tres “especias” que – con algo de “sal”- harán de sus mensajes platos memorables y exquisitos. Convierta una vieja y conocida idea en una “oferta” nueva y fresca, empaquetada con un nuevo envoltorio. Haga con ella un regalo novedoso a oyentes conocidos. Tenga disciplina para repetirse, pero haga, con ingredientes iguales, platos distintos.
6)
Concrete, personalice y humanice sus palabras. Los mensajes abstractos, lo mismo que el arte, admiten múltiples interpretaciones. No introduzca términos vagos en sus mensajes; los “vagos” no deben tener cabida en su quehacer cómo orador. Si quiere que le comprendan, concrete; si quiere que le atiendan, personalice; si quiere que se emocionen, humanice sus mensajes. Aprenda de la publicidad.
7)
Visualice sus mensajes, pinte con ellos cuadros vivos. Ligue sus palabras a imágenes reconocibles, atractivas, que resuman sus ideas. Mensajes incomprensibles y oscuros dan pie a sospechar de un pensamiento pobre y aun de una corrupción moral. Pensamientos mal elaborados producen mensajes pobres que ocultan con frecuencia engaño y manipulación. Haga también que sus gestos realcen sus palabras, nunca que las contradigan.
8)
Haga de sus mensajes algo vivo, positivo, memorable y orientado al futuro. Involucre al público a que comparta su visión. Hágales preguntas que han de responder en su interior. Conecte su mensaje a los valores que ellos poseen. La gente no desea ocuparse de organizaciones irresponsables e impersonales; dé a su comunicación un rostro creíble, personal y accesible.
9)
La competencia en los mercados es algo que va en aumento. La “lucha” por ampliar mercados, conseguir clientes, es cada vez mayor. Acentúe lo positivo y . . . elimine lo negativo.
Un mensaje positivo sólido triunfará siempre sobre la negatividad. Póngales a sus palabras algo de miel - !sin empalagar¡-; no les eche vinagre y, sobre todo, no se presente como un avinagrado.
10)
Proporcione el contexto y explique su importancia. El contexto es increiblemente importante y olvidado a menudo. Dé a sus oyentes siempre el “porque” de un mensaje antes de decirles el “por lo tanto”. Para hacer sus mensajes relevantes, investigue con antelación a su público. ¿Que es lo importante para ellos? Todos los mensajes acretados y eficaces poseen elementos en común:palabras veraces, gesto y voz amables, y contexto apropiado. Estos diez “mandamientos” se encierran en dos:
“ No es lo que se dice sino lo que la gente comprende”
“ El protagonista de sus palabras no es usted, son sus oyentes”

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